
Resulta curioso, pero viajes donde viajes, Inglaterra, Escocia, Francia, Argentina, Australia, España, Villagarcia de Arosa, Pamplona, siempre terminas encontrándolo. Sentado o apoyado junto a la barra del bar, siempre estará en ese mismo lugar, con su camiseta impoluta, recién duchado, bien peinado, con esa olor a Dior en unos casos, Pachuli en otros, como sin estrenar ( a veces pienso que solo les falta un lazo en la cabeza para semejar un regalo, que alguien nos ha dejado ). Ese personaje es inconfundible, el creador del que yo llamo, Rugby de Barra.
¿Os preguntareis el por que de ese nombre?, pues tranquilos, os lo explicare ahora mismo.
La primera vez que juegas un partido de Rugby, percibirás miles de sensaciones y miles de imagenes que se te quedarán en la retina. Experiencias como recibir por primera vez el oval, a pase de uno de tus compañeros, mientras la delantera del equipo contrario se te echa encima ( la verdad, ver como se te viene encima 800 kg de carne, intimida), pues como decía, la sensación de tener que reaccionar rápido, pensando en que debes hacer, pasar ó tirar para delante con un par. Esa y otras sensaciones son indescriptibles, pero una de las mejores imagenes que tengo grabadas en mi retina, es la de los jugadores cuando entran en el local donde se celebra el Tercer tiempo, o en el local que sueles visitar los días de partido en casa, todos juntos, con esa sonrisa y esa cara de satisfación por el deber cumplido.
Después del partido, con el cuerpo lleno de cardenales, raspazos, algún que otro taco marcado en espalda, piernas o pecho, te das una merecida ducha, recoges tus cosas, te diriges a tu coche y dejas la bolsa de deporte con todos tu enseres en el maletero. Te subes al coche y contigo suben: El que siempre tiene su coche en el taller, el que no tiene quien lo baje, tu hermano de juego y el novato, al que contareis mil batallas mientras os encamináis a tomar la primera de muchas. Enciendes el coche y pones música ( aun recuerdo aquel día volviendo de jugar en Santiago, por aquel entonces el novato era yo, viajando en un Fiat blanco con las ventanillas averiadas, junto al que hoy en día es un gran abogado), comienzan las anécdotas, "aquella vez que casi ensayo", "cuando crucé el campo de lado a lado esquivando a todo dios", o el famoso placaje a un tío siete veces mas grande que tu, anécdotas celebres.
Pero bueno aquí llega lo mejor, damos dos vueltas por la zona de copas hasta que encontramos aparcamiento, dejamos el coche y nos encaminamos hacia nuestro querido pub, lugar de descanso del guerrero, donde bellas jóvenes cuidaran de tu cuerpo magullado, mientras te sirven una Guinness. ¡Sorpresa!, tal y como os decía, nos encontramos al creador del Rugby de Barra, ese gran compañero, que hace dos temporadas que no se pasa por los entrenamientos, pero que no sabes como, siempre consigue la camiseta del equipo. Tal y como os decía, os lo encontrareis en la barra, tomando su copa, rodeado de jóvenes e inocentes damiselas, que con los ojos llenos de un brillo especial por la emoción de sus palabras, escuchan como nuestro amigo, les deleita con detalles del espectacular partido que ha jugado y de como el equipo está donde está gracias a él.
Resulta genial comprobar, como a este sujeto, la única vez que lo ves en el campo de juego, lo ves situado en la grada, saboreando unas pipas y explicándole a todo el que se presta, como mejoraría el juego del equipo, de esta forma, o de esta otra. Resulta curioso, ver como al termino del partido, es el primero en abandonar la grada para salir disparado a contar a sus seguidores, como ha sido el partido y como el no ha podido jugar, debido a una lesión que sufrió en el Seis Naciones.
Ese señores es el mayor experto, en el maravilloso juego del Rugby de Barra.
Por ultimo, si no lo encontráis en la barra, seguramente esté en el baño, intentando mantener conversación con el novato o novatos de ese año en el equipo, presentándose como uno de los fundadores del equipo, o bien contando alguna batalla contra algún equipo de alto nivel. La forma de reconocerlo es fácil, camiseta impoluta, rostro perfecto, sin ningún golpe, copa en la mano y escondido en una esquina cuando ve llegar a un jugador de verdad.
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